El perro del señor Carpenter

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„Estos son tus miedos. tu inquietud. Tus lágrimas. ¿Lo ves? Ya es de noche afuera. No caigas dormido esta noche. Por favor. Si lo haces, vas a soñar. Y ya no seré capaz de salvarte…”

„(…)Iowa. No había estado aquí hace mucho tiempo. Y específicamente en Sioux City, desde que era un niño. Mi viaje era maravilloso, fue agradable ver la belleza del paisaje; y finalmente deje atrás las ultimas millas de la interestatal. Desde la autopista 29 tome la salida en el 149 hacia Larsen Park Road. Aquí está cerca el río Missouri y el Estado de Nebraska en el otro lado. Planeé mirar un rato,y  descansar un poco, pero por algo yo no puse la direccional y no pare. A decir verdad, sólo quería llegar a mi destino lo más rápido posible. Después de otra media hora dando vueltas, finalmente encontré la dirección. Aparqué delante de la casa. Entonces estaba observando las millas en mi  Chrysler 72 Newport blanqueado por el sol. Me encantaba ese coche, y no me importaba que era un modelo viejo. Apagué por enésima vez una colilla en el cenicero´, este fue mi “último cigarrillo”, solté el humo, y me bajé del carro. Soplaba un viento frío, desafiando al hermoso sol. Irremediablemente, había llegado el otoño. Doble el cuello de la chaqueta antes de mirar alrededor en la calle abandonada y, después de buscar mis llaves, tomé posesión de mi herencia. Es decir, intenté tomar posesión de mi herencia, pero me encontré con un gran obstáculo. El obstáculo era un pastor alemán. Y dicho obstáculo resultó bastante persistente. No estaba en muy buenos términos con los perros en estos tiempos, debo admitirlo. La historia se remonta hasta el final a mi infancia, cuando con el niño vecino llamado Charlie y yo estábamos jugando en la calle, y un enorme perro callejero comenzó a perseguirnos dándome una mordida que me causo una gran herida en la pantorrilla. ¡Que todavía puedo sentir, maldición!

Por lo tanto, el perro resultó ser muy grande para mí. Me quedé con las llaves en mi mano a mitad de camino entre la casa y el coche. El vecino vino a mi rescate.

–  ¿Está buscando a alguien?

–  Realmente no. Esta es mi propiedad … –   Señalé hacia la casa.

–  Oh, bien. –   Comenzó a caminar hacia mí.

Era un hombre con cabello canoso de mediana edad con ojos curiosos y características amables. Tenía en la mano una cerveza medio vacía y una llave de herramienta, en la otra mano una chaqueta de mezclilla. Él parecía bastante divertido llevaba los pantalones vaqueros llenos de aceite y un suéter con el Pato Donald en él. Con el bullicio, también apareció otro hombre salió de una casa cruzando la calle. Se quitó su gorra y rascándose la cabeza, empezó a investigar que estaba pasando. Asentí con la cabeza hacia él, y él correspondió.

Era una zona muy tranquila, créanme. Mi casa recién heredada era la última de la calle, después sólo un bosque, el ferrocarril, y la autopista 29 Interestatal.

El vecino se acercó a mí y extendió la mano.

–   Joe Haggerty.

–  Bruce Carpenter.

–  ¿Vino de lejos? Puedo ver tu viejo Chrysler está cubierto de polvo. ¡Ay caray! Hace mucho que no había visto una maquina como ésta, era una diosa hace sólo una década.

–  Todavía lo es.

–  Claro que sí., no uno de esos artilugios de plástico japoneses, –  apuntado hacia un vehículo que pasaba.

–  ¿Ha comprado esta propiedad? Ni siquiera escuche que alguien la hubiera puesto venta desde que Frank falleció.

–  Heredé.

–  ¡Oh! por supuesto. Debí haber adivinado por su nombre. ¿Y? ¿Qué sigue? ¿La venderá?

–  No estoy seguro todavía. Creo que voy a vivir aquí por ahora. Hay un negocio también eso es también parte de la herencia. Una librería o algo así.

–  Si claro. Lo sé. Frank tenía una gran colección de libros antiguos, aunque desde hace mucho tiempo que cerró sus puertas, pero los libros aún están ahí. Tal vez Usted pueda abrir algo, un bar, o algo así. De todos modos, es mejor que me vaya, nos vemos después.  Y si necesita algo, pase a mi casa, con confianza.

–  Gracias Joe. De Verdad. ¡Espere! ¡El perro! ¿Pertenece aquí? No tengo la intención de ser desgarrado, eso es seguro.

–  No tenga miedo. Pertenecía Frank. Es un perro viejo. Hemos estado alimentándolo desde que Frank se fue … Espera. Solo un segundo. ¡Vamos, Squealer! Ven acá.

–  ¿Squealer? ¿Quién da un nombre como ese a su perro?

El perro se levantó lentamente, se sacudió, y descendió desde la terraza por los escalones.

–  Mira, es amigable. Cualquiera de nosotros aquí en la calle estaría dispuesto a adoptarlo, pero él no se va. Así que es aquí es donde tenemos que alimentarlo. Él siempre está aquí. En algún momento aúlla, pero nos hemos acostumbrado a ello. Y es comprensible. Extraña a su dueño.

Estuvieron juntos cada día durante diez años. Lo echa de menos. Su lealtad y amistad vale más que la de mucha gente, créeme. Deja que huela tu mano. Eso es ¿ya ve? Ya son amigos. Deje que se conozcan, y que entre a la casa. También eso le hace falta.

Joe se alejó, y me quede observando mi herencia acompañado de Squealer. Oh Dios mío, ¿Cuánto tiempo había pasado desde que estuve aquí por última vez? Es como si mis recuerdos me hubieran transportado a una película que hace tiempo había terminado.(…)”